El consumo excesivo de carnes rojas se asocia con mayor riesgo de mortalidad prematura y específica

Un excesivo consumo de carnes rojas se ha asociado tradicionalmente con el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, aumento del colesterol total, gota y ciertos tipos de cáncer. No obstante, recientes estudios han puesto en manifiesto la asociación entre el consumo de los diferentes tipos, formas e ingredientes de las carnes y el incremento del riego de mortalidad. Uno de estos estudios fue el realizado por Etemadi y colaboradores, del National Institute of Health de Estados Unidos, quienes reportaron que el consumo elevado de carnes rojas, procesadas y sin procesar, se asocia con un mayor riesgo de mortalidad prematura y mortalidad específica (cáncer, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias, diabetes mellitus tipo 2, infecciones, enfermedad renal, enfermedad hepática).

Etemadi y colaboradores, identificaron que el riesgo de muerte prematura aumentó en un 26% en aquellas personas ubicadas en el quintil (20%) más alto de consumo de carnes rojas, en comparación a aquellas que reportaron el consumo más bajo. De todas las causas específicas de mortalidad, el riesgo de desarrollar enfermedad hepática crónica fue el que presentó la mayor asociación, aumentando el riesgo en un 130% para el quintil más alto de consumo en comparación al más bajo. Por otro lado, aquellas personas que se encontraban en la categoría más alta de consumo de carnes blancas presentaron un 25% de reducción del riesgo de todas las causas de mortalidad comparada con sus pares que se encontraban en la categoría más baja de consumo de carnes blancas.

Conclusión

Considerando la evidencia, y el alto consumo de carne reportado por la población chilena, estrategias de mayor impacto que potencien el aumento de consumo de carnes blancas por la población versus el consumo de carnes rojas y/o procesadas son esenciales. A pesar de que hasta la fecha en Chile no se han realizado estudios que investiguen las asociaciones previamente descritas, sin duda fomentar un consumo responsable y moderado de carnes rojas y procesadas, acorde a las necesidades energéticas y nutricionales de cada individuo, repercutiría favorablemente en la calidad de vida y se reflejaría en la disminución de la carga de enfermedad y mortalidad de nuestra población.

Referencia: Rev. chil. nutr. vol.45 no.3 Santiago set. 2018 (http://dx.doi.org/10.4067/s0717-75182018000400293)

 

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